Lo sintieron las empresas de la alimentación. También los vendedores de artículos de consumo masivo y los dueños de restoranes en barrios acomodados de Buenos Aires.
En agosto, las ventas aflojaron y se encendió una luz amarilla respecto de la evolución del consumo.
Una inflación con piso en 20% anual comenzó a cobrarse facturas y a mellar la idea de que la reactivación, que arrancó a fines de 2...